Etapa 3
Una rampa endiablada
Cañaveral - Carcaboso
42Km      Dificultad Media
16 de Julio de 2007
Pueblos y Lugares:
  • Cañaveral
  • Bosque de los muertos
  • Grimaldo
  • Galisteo
  • San Gil
  • Carcaboso
Dificultades montañosas:

Nombre Longitud Altitud Cima
Puerto de Los Castaños 6Km 509m

Por tercer día consecutivo, el despertador suena a las 6 de la mañana. Comienza un día aparentemente tranquilo, salvo el Puerto de Los Castaños nada mas comenzar la etapa. Después de tomar un ligero desauno en el bar de comida y cena del día anterior, emprendemos la marcha. Hoy, para comenzar la etapa, tenemos un nuevo acompañante en la ruta. La lluvia. Pequeñas gotas que nos hacen temer lo peor, pero en seguida cesarán.

Pocos metros después de salir de Cañaveral, a la izquierda de la carretera vemos el camino que nos conduce al Puerto de Los Castaños, el cual llevamos viendo desde hace mas 18h. Nada mas coger el camino comienzan las primeras rampas, ligeras, pero nos avisa de lo que nos espera. El terreno es bueno, aunque en ocasiones nos encontramos varias piedras. Y es que, en breve nos encontraremos con lo que denominan como La Cantera, una rampa "endiablada", según todos los libros de ruta, en la que todos los ciclistas han de bajarse para poder subir. Nosotros la afrontaremos con ilusión, pero el resultado... A un par de kilómetros de comenzar nos la encontramos, es imponente, impracticable, "endiablada", cualquier apelativo es poco para lo que hemos vivido en esta rampa. Todos tenemos que bajarnos de nuestras bicis para poder subir, y aún así, la subida ha sido un verdadero infierno. Juan, el mas osado, intenta subirla sin exito, y probó la dureza de las piedras de La Cantera.

Una vez arriba, unas fotos, comentarios acerca de la subida y proseguimos con el puerto. El paisaje gana en belleza según avanzamos. Dejamos atrás las vistas a la autovía, y nos adentramos en espesos bosques. Las rampas siguen siendo empedradas, pero transitables, nada que ver con La Cantera. En uno de sus numerosos altercados con las piedras, Cacha vuelve a caer de la misma forma de siempre, no puede sacar el pedal automático izquierdo, ese que le está amargando la ruta, y cae.

Tras una bajada rápida y muy pronunciada llegamos hasta la carretera que conduce a Grimaldo, próximo pueblo. La cruzamos para volver al camino, y dejamos a la izquierda uno de los numerosos clubs de carretera. Poco a poco nos adentramos en el Bosque de Los Muertos. Silencio abrumador, multitud de pinos que dibujan un escenario irrepetible. Es un paisaje perfecto para una bonita y tranquila acampada libre. Finalilzando el bosque, y después de entrar en una finca en la que nos avisa del peligro del ganado suelto, nos encontramos con las primeras vacas de la ruta. Alguna, muy grande y con cuernos bien afilados, se hace fuerte en medio del camino, lo que nos obliga a parar y pensarnos bien por donde pasar. Fotos del momento en la sección de fotos de la ruta. Finalmente, pasamos sin problemas, que no sin miedo, la finca.

A continuación recorremos unos dos kilómetros por carretera, bajada pronunciada y llegamos a dos caminos. Según nuestro libro de ruta, nos recomienda el segundo de los caminos, pero el primero está señalizado como calzada original, por lo que optamos por la primera opción. Por él, atravesamos multitud de fincas, con el camino que claramente se muestra como original romano en muchos de sus tramos. Ni rastro de civilización. Estamos entusiasmados con el paisaje, pero cierto es que no paramos de subir levemente, lo que va minando nuestras piernas. Así durante bastantes kilómentros. Todos coincidimos en que es uno de los mejores días, ya que solo vemos naturaleza, nada de civilización. Además, el cielo está nublado, lo que nos está librando del calor intenso sufrido en las dos primeras etapas.

Llegados a la cima de una sierra, vemos lo que creemos que es el río Jerte. Mas de lo mismo, naturaleza, no conseguimos ver ningún pueblo a pesar de las altas vistas de las que disfrutamos. Emprendemos la bajada por una zona un tanto peligrosa, hasta el rio. El camino es muy estrecho en ocasiones, llegando a atravesar arbustos que nos golpean incluso en el rostro. Así hasta el río, donde tenemos la carretera.

Para continuar con el camino, debemos subir por la carretera unos dos kilómetros. Antes de acceder a la carretera, Isra se empeña en hacerlo por una pendiente casi imposible de salvar, lo que le hace caerse. Subimos, y una vez arriba, el camino lo tenemos a la izquierda. Momento en el que aprovechamos para parar a hacer el desayuno de ruta. Desde el sitio en el que paramos a comer avistamos Galisteo, después de mucho tiempo vemos civilización. Podemos apreciar levemente la muralla que rodea al pueblo, aunque no podremos verla detenidamente ya que dejaremos el pueblo a la izquierda.

Reanudada la marcha, nos encontramos con bajadas con caminos en buen estado. Esto nos permite disfrutar de velocidades altas y relajar un poco las piernas después de las subidas que nos han acompañado desde que comenzó la etapa. Al final de la bajada dejamos a la izquierda Galisteo y su bien conservada muralla.

A continuación unos falsos llanos, subidas leves y si que muy buenas bajadas, llegamos a San Gil, donde cogeremos la carretera ya hasta Carcaboso. El trayecto es lo que denomina Fran como un "Serrucho", lleno de subidas y bajadas constantes donde el propio Fran lo pasa mal. Y no es porque le falten piernas, sino porque ponemos un ritmo endiablado, sobretodo Cacha, que sabido es su afición al asfalto en el que se mueve como pez en el agua.

Una vez en Carcaboso, Lampre tiene un altercado con unos perros. Casi no lo cuenta, parece que tenían hambre, y Lampre era una buena presa. Allí nos recibe la señora Elena, un auténtico personajes. No es un albergue lo que regenta, es su propia casa que dedica a alquilar habitaciones a los peregrinos. La casa está muy bien, los baños limpios y con agua caliente (utopía desde que salimos de Mérida). Quizás el precio es algo caro, pero merece la pena, mas aún sabiendo lo que nos espera en la etapa venidera. En la casa no hay cocina, pero compramos comida y la señora Elena nos proporciona lo necesario para poder comer. El pueblo es pequeñito, apacible, y en ocasiones gracioso. A unas señoras les pareció extraños vernos con las piernas depiladas.

Después de lavar las bicis, una cena ligera nos iremos a dormir, que la etapa reina nos espera.

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