Bueno, comienzo mi sección con el inicio de una de las subsecciones que llevaré a cabo: dedicatoria a subidas clásicas y emblemáticas para nosotros o al menos para mí. En esta ocasión, como no podía ser de otra manera, le dedicaré unas palabras a "el Burro".
Resulta que esta es una de las subidas más clásicas que hemos hecho, pues lo hemos subido en innumerables ocasiones. Para mí tiene un valor especial, pues fue la primera vez que hice una ruta de mountainbike y a partir de e ntonces...hasta hoy. Efectivamente, corría el año 1996, y tras varios paseos por la isla, mi primo, que fue quien me introdujo en esto, me dio el bautismo de fuego. "Vamos a hacer una ruta más larga, iremos a la casa campo por el Burro". Ni siquiera tenía mi bici amarilla, sino que era una mucho más antigua, azul. Tenía un buen casco "look" y unos guantes "soffatti". Ni maillots, ni camelbacks, ni zapatillas...nada de eso. No recuerdo como eran los componentes, pero por entonces eso de shimano era para mí como chino mandarín. Lo cierto es que así empezó todo. Hicimos lo que hoy es un casi un paseo: subimos el burro, casa de campo, la charca y a Mérida. ¡Cuantas veces hemos hecho eso! La verdad que me encantó, y me enganché, y por eso la subida de el Burro, tiene un valor simbólico especial para mí.
"El Burro", realmente no se llama así. Topográficamente son "Las Laderas", de hecho creo que nadie lo llama Burro salvo nosotros. Empecé a llamarlo así porque mi primo, aquel día, me dijo que durante mucho tiempo había un burro muerto en su descenso, y desde entonces, con ese nombre se quedó para mí.
En cuanto a sus ascpectos técnicos, tiene dos vertientes, la de Mérida y la Mirandilla. Tiene una altitud de 353 mts.
La de Mérida es sin duda la más dura: comenzamos a la altuta del Colegio "Josefinas", el camino popularmente conocido "de la Agüina" (debido a un manantial, que no es otra cosa que una antigua conducción de agua romana). Desde ahí la cima, son 3 kms bastante constantes de ascensión. Comienza suave, casi sin notarse y por un camino relativamente bueno. Justo antes de un puente sobre la Autovía, comenzamos a notar que lo mismo hay que subir un piñón. Pasado el puente, se endurece un poco más y el camino alterna buena pista con alguna pedrera. El último kilómetro es el más duro y además con alguna dificultad técnica añadida. Efectivamente, cuando el camino toma una ligera curva a la derecha y otra a la izquierda, el camino es bastante pedregoso, algo técnico y cada vez más empinado. O le echamos un par, o habrá que subir algún que otro piñón más. A la altura, de una vieja casa, empieza un falso llano, y progresivamente empieza a descender dirección Mirandilla. En total, no llega a una pendiente media del 3%, pero no os confundais que no es lo mismo un 3% por carretera que por un camino así. Cuando se desciende es un disfrute.
En la cima, hay una bella vista de Mérida.
La otra vertiente, es más corta, en torno a 1km, y sólo sus últimos metros se nos pueden atragantar por pequeños tramos técnicos y empinados. Quizás esta vertiente, donde peor lo pasemos son en las playas del principio(esas arenas finas donde nos atrancamos).Hace unos años, estaba muchismo peor, mucho más pedregoso, era bastante más técnico.
La verdad que no es una subida dura ni técnica para lo que hay por ahí, pero tiene un caracter que le imprime su dificultad: siempre nos coge al principio de la ruta, cuando los músculos están fríos, o al final, cuando ya venimos reventados y nos da la puntilla. Y además: una subida de tres kilómetros a pleno sol, sin sombra ni árbol alguno.
Muchisimas son las anécdotas que puedo contar varias: una vez, en la cima, mangamos unas uvas, las metí en la mochila pero descendí y me dejé la mochila. Sólo me di cuenta, en la casa campo, y tuve que hacer un auténtico sprint hacia arriba. Cuando volví, a la casa campo, un problema con un pedal creo que del Lampre...bufff, se nos hizo de noche y tuvimos que pedir ayuda.
Además fue testigo, de los "hachazos de Pantani", de mi primo, heredados luego por Lampre: hacerse el reventao y arrancar 100 metros últimos a toda tranca. También fue testigo, de los "botines" del Lampre, esos calcetines dados la vuelta, cubriendo la zapatilla. Y por decir la más reciente, subiendo la parte corta, después de 50 kms con calambres terribles en mis piernas, fue testigo de una subida espectacular del Cacha, que me hizo un trabajo de gregario brutal, pudiendo completar la subida.
En fin todo un clásico en nuestras rutas, lleno de historias y recuerdos.

