Ruta: Gloria, emoción y tristeza
 Itinerario: Arzua-Santiago de Compostela
 Fecha: 16 de Agosto
 Dificultad: Baja
 Km: 40km
 Velocidad Media: 12,01km/h
 Tiempo: 3h 58'
 Pueblos y lugares:
     - Ferreiros
     - Salceda
     - Alto do Rosario
     - Brea
     - O Pino
     - Lavacolla
     - Monte do Gozo

 Dificultades Montañosas: -
     - Alto de San Irene (430m; 4km;)
     - Monte do Gozo (395m; 8km;
Perfil Ruta
 Descripción de la ruta:

Por fin el gran día. Un día además espléndido, soleado y caluroso. Nada más levantarme, algo que tenía que pasar y no había pasado: la rueda está pinchada. Justo la noche antes, hablaba con Yola, que cruzaría los dedos, que no había pinchado en todo el camino, pues no quieres café? Toma dos tazas. Ese mañana pinchamos los dos, Yola y yo. La mañana se nos echa encima con los pinchazos, sobre todo porque el de Yola tiene más complicación, al rajarse la cubierta, pues volvía a pincharse una y otra vez. Esta última etapa la hice con mis tres compañeros de sangre de O Cebreiro: Carlos, Raúl, Marga y más Yola. El camino estaba repleto de gente, había que ir avisando para poder pasar.

El olor a victoria empezaba a rondar el ambiente y bañaba todo de un color dorado y agradable. Hoy no importaba nada. Estaba crecido y mis piernas también. No sé de donde saqué las fuerzas, pero iba con unas piernas increíbles, me encontraba para lo que me echasen. La etapa estaba repleta de repechos, serruchos, pero ahjierro que me los comía uno tras otro, a molinillo, pero me los comía a buen ritmo. Joder, me estaba dando pena acabar, ahora estaba en forma.

Íbamos despacio, disfrutando, sellando en los pueblos, hablando con la gente…etc. Me dio por cantar “El Arrebato”, más que nada porque Yola y Marga eran béticas, y para reirnos un rato, jajaja. Distendidamente, superamos el Alto de Santa Irene de escasa dificultad y nos preparábamos ya para la subida final de todo el camino, el otro punto mítico de todo el camino: el Monte do Gozo. Desde allí, veríamos ya las torres de la Catedral de Santiago.

De nuevo el grupo se dispersa, y ahora deliberadamente. Todos queríamos hacer este último tramo en solitario, al menos yo sí.
El Monte do Gozo tenía dos tramos bien diferenciados, el primero hasta las cercanías de Lavacolla, duro y contínuo, durante 4 kms. Me acuerdo que Carlos decía, “ahora en esta subida, el plato pequeño”, y yo le dije “pero si ya lo tengo puesto” , jajajaja. El caso es que subí a un ritmo muy bueno, escapándome un poco de mis compañeros, me encontraba genial. Cuando llegué cerca del aeropuerto, hay un falso llano, incluso algo en bajada, para inmediatamente enfilar los últimos 4 kms de ascensión al monte do Gozo, menos exigentes que los anteriores con diferencia y ya parte por asfalto. En cualquier caso, más duro de lo que sobre el papel parecía.

Un murmullo de gente empezaba a avisarme de que estaba llegando a la cima…y por fin, en el horizonte de un día espléndido, divisé emocionado las torres de la Catedral. Fotos de rigor y ya todo estaba hecho, sólo había que dejarse caer por un descenso en carretera durante 5 kms y entrar en Santiago.

Desciendo sin dar pedales, y reconozco que en esos 5 kms y callejeando por Santiago, iba muy emocionado, medio lagrimoso. Corría una suave brisa que me golpeaba la cara, con un cierto olor a gran momento, a día para el recuerdo, al mismo tiempo de nostalgia, de acordarme de muchas cosas y de mucha gente. Me acordé de cuando salí en Benavente, de todos los días que llevaba encima de la bici, del sufrimiento en los puertos, de lo que me había costado arrancar solo…Pero sin duda lo más especial, estaba aun por llegar. Justo antes de entrar en la plaza del Obradoiro, se pasa un pórtico donde un gaitero anuncia a cada peregrino que ha llegado al final. Esa música, en ese pórtico me puso los pelos de punta y cuando paso el pórtico, llegué al Obradoiro, con la inmensidad de la plaza y la catedral delante…Mi bici se para, me quito mi inseparable pañuelo rojo; he llegado al final. Meta. No podría describir con precisión lo que sentía en esos momentos. Me medio derrumbé encima de la bici, y lloré de alegría, de emoción, de subidón, de rabia, de ser el puto amo, de superación, de haber roto los esquemas… no sé de qué. Pero sobre todo me invadía una cosa: haberme desafiado a mí mismo, física y mentalmente y haber vencido. Una sensación grandiosa e indescriptible y no podía ni hablar. Un momento muy especial, que me encantó vivirlo solo, con la certeza que eso sí que no me lo quitaría nadie y que recordaré toda mi vida, sin duda, que no puede plasmarse en ninguna foto y que me lo llevo para siempre en mi corazón.

Tras esos minutos tan intensos, quieto, sin moverme con mi bici, me dirijo a sellar mi última credencial y que me den “la Compostela”, papel que certifica lo que he hecho. Una vez cumplido el trámite, me doy cuenta que no he comido, no tengo donde dormir, no sé como voy a volver ni cómo voy a enviar la bici. Lo primero era cómo dormir, y tras llamar a mil y una pensiones, encuentro una de mala muerte, que me da una habitación casi en la ruina y sin baño, pero me vale. Lo del bus y la bici, no me llevó tanto problema. Tras un merecido descanso, llamo a toda la gente que conocí, nos reunimos y nos montamos una buena fiesta en la noche de Santiago. Acompaño a Yola y Raúl a su pensión, y me vuelvo a la mía, dando un paseo nocturno por la vieja y fría Santiago, reflexionando todo lo que había hecho y había vivido en esos días, acordándome de las bajadas, los puertos, las llanuras zamoranas, los paisajes verdes gallegos, de toda mi gente de Iter-ab, de mi familia…

 Tras no dormir casi nada, despedida de la gente y al bus hasta Benavente, llegando a las 19.30. Allí me esperaba Koko con mi coche, para volver a Salamanca. A las 21.30, llego a mi casa salmantina donde recibo la calurosa bienvenida de mis compañeros de piso. Era el fin de la aventura. Y ahora sé, que será un hasta pronto, porque ya tengo nuevos retos en mi cabeza…

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