Bueno, pues el regalo de kms de ayer, ha cambiado las cosas. La mayoría de la gente va a hacer la etapa reina hoy, pero estoy muy castigado. En mis planes estaba hacer una etapa de transición antes de afrontar “los Alpes”, pero claro, ahora esa etapa sería demasiado corta de sólo 20 kms. Tras desayunar con los toledanos Paco y Rafa, me despido de ellos, todavía sin saber que etapa voy a hacer.
Salgo de Villafranca, tranquilo, despacito. El terreno es llano picando levemente hacia arriba, pero me encuentro bien. Durante un tiempo, el camino coincide con la nacional, lo cual es un poco engorroso, pero han preparado una especie de muro que separa el arcén de la carretera y que lo hace todo más fácil. Todo era muy bonito, con una carretera encajada en un valle…daba gusto. En ese tramo, me uní a un nuevo grupo, con el que haría casi el resto del camino. Dos madrileños, Carlos y Raúl, y una sevillana, Marga, que se habían conocido también hace un par de etapas. El ritmo me viene al pelo, y me encuentro muy cómodo, bien de piernas. Paro con ellos en Vega de Valcarce, donde en un lugar precioso, a la orilla del río Valcarce, nos comemos un buen bocadillo, y reponemos fuerzas. Me encontraba tan bien con ese ritmo, que dije, que porqué no, subiría hoy el Cebreiro, lo que suponía llegar ya a Galicia y “comerme” una etapa.
Reiniciamos los cuatro, y ya no sabemos hablar de otra cosa que del puerto, nos vamos preparando mentalmente, bebemos, comemos las barritas, ajustamos bien las bicis…Yo había examinado bien el mapa, y sabía donde empezaba la subida.
Tras pasar el pueblo de Las Herrerías, empieza el baile. El Alto de O Cebreiro nos saluda con una primera rampa del 25%, la más dura de todas. Pongo el molinillo, y no lo quitaré en los casi 9 kms de subida. Pero me encuentro bien, voy fuerte y craso error. Estoy acostumbrado a subidas cortas y explosivas por las dehesas emeritenses y salmantinas, de pocos kilómetros, pero no para una tan larga y al mismo tiempo con mucha dureza constante. El caso es que me desmarco del grupo, y subo, algo exhausto, dos tramos duros del 11 y 15% y sólo había una forma de subirla para mí: haciendo zigzag. Así vi una vez subir el Mortirolo, a Franco Bona, un desconocido ciclista italiano del MG Maglificio, gregario de Claudio Chioccioli, en el Giro que ganó Berzin. Y así hice yo. Me acordé entonces del Pto. Béjar, en la ruta de la plata, que también empecé a subirlo así, aunque esos escalones me mataron, jejeje. Esto es un auténtico “Hors Categorie”. Para que os hagais una idea, el pico Dueñas andaba por el 12% y sólo eran 3 kms o el Burro no supera el 4% de pendiente media.
Llevo casi 6 kms de subida y voy aguantando, sufriendo mucho, pero aguantando. Mi ritmo de molinillo era demasiado fuerte, debía ir más tranquilo, era una vieja carretera, y no el camino del Burro empedrado donde las piedras te obligan a mover las piernas rápidamente. Voy ganando mucha altura, mucha. Carlos, un auténtico portento, me intenta empujar, y lo hace: me empuja con una mano intentando relanzarme, pero él subiendo encima de la bici! Increíble el tío.
En el km 7, en un falso llano, rompo piernas y tengo que echar pie a tierra. Tengo la sensación de que hubiera podido, sino fuera porque equivoqué el ritmo para una subida tan constante y tan larga. Me cebé demasiado en los tramos duros. Sin duda. De hecho, ya aprendí como se sube un puerto así, y no me volvería a pasar. Tras 1 km a pie, vuelvo a montar.
El sol pegaba bien en la subida, pero Galicia empezaba a hacer acto de presencia, según ganaba altura, el cielo radiante del Bierzo leonés, empezaba a enturbiarse. Poco a poco empecé a ser engullido por una espesa niebla, en un ambiente mágico y fantasmagórico. No veía mis compañeros, estaba solo en las rampas y en la niebla, sólo oía al viento y mi respiración entrecortada. Era un ambiente muy especial, parecía que estaba tocando el cielo y paradójicamente yo estaba pasando un infierno. Pero lo de la niebla, le daba un toque de que ese puerto era mucho puerto, de que estaba llegando muy lejos. De repente, veo que baja alguien :es Carlos!!, que ya había subido y ha vuelto a bajar, para hacer conmigo el último tramo de subida, qué grande, que gregario de lujo, lo recordaré siempre.
Por fin la cima. Increíble. Toma ya!!!! Sí ¡!!!!Estaba ya en Galicia, había subido O Cebreiro, todo era emoción, pelos de punta, alegría, mucha alegría. Es la subida más mitica del camino, es el Alp D´Huez del camino. Quien llega a Cebreiro, llega a Santiago.
Hacía mucho frío y humedad, me abrigo bien. Repostamos algo con mis compañeros de subida y abrigados hasta los ojos vamos llaneando pero tirando hacia abajo por la carretera, intuyéndola en la niebla. Breve descenso, hasta subir el pequeño Alto de San Roque, de poca dificultad, un nuevo y corto descenso, para encarar el otro coloso del día, el Alto del Poio. Pero ya después de Cebreiro, el resto era pecata minuta. 3kms con tramos al 8 y 9% y alguno al 12%. Coronamos, y en principio decidimos hacer noche allí, en una pensión, en el alto. Pero mis compañeros, prefieren dormir tras descender. Tras pensarlo, decido ir con ellos tras la ayuda que me prestaron , hacia Triacastela, ya en Lugo, al final del descenso.
Descendemos el largo y peligroso Poio, 14 kms de bajada pronunciada (12%) entre bosques, veredas, sendas y prados, hasta Triacastela. Pero que descenso más bonito!!! Eso sí, como gasté zapata! jajaja.
Una vez en Triacastela, el alojamiento era un problema, no había nada para dormir. Eran cerca de las 6 de la tarde, sin comer, con frío y con 55 kms de alta montaña en las piernas. Finalmente, Marga contacta con unos chicos alicantinos que había conocido en el camino, y dicen que podemos tener sitio en alguna casa particular. Y así hicimos, una señora nos ofreció una habitación con dos colchones para cuatro, y allí nos apretujamos todos, rebujaos, jejeje. Eso parecía una auténtica comuna, jajaja.
Nos fuimos a cenar, y tras la cena, me di cuanta que ya tenía que llegar a Santiago. Fue la primera vez que pensé ya en serio que podía llegar, y no sólo eso, sino que ya donde estaba, en Galicia, no podía quedarme con la miel en los labios, y que llegaría sí o sí, aunque fuera cojo.

