Tras mucho pensarlo, ayer día 4, decidí que me iba solo a hacer el Camino de Santiago. Fue todo un ejercicio de desafío a la cordura, a la aventura, al sentido común y a mi mismo. Lo pensé mucho, mucho, le di muchas vueltas. No confiaba en mis piernas ni tampoco tenía la motivación suficiente, pues más que motivación era como obligación, y creía que una aventura así, solo, me venía un poco grande para mi forma física y mental. Pero cuanto más lo pensaba, más que echaba pa atrás, así que lo mejor era no pensarlo mucho. A última hora, mi compañero, amigo y “germano” Paco, a punto estuvo de unirse, pero finalmente, todo parecía escrito para que fuese solo.
Como ya lo tenía medio pensado hace tiempo, ya tenía muchas cosas miradas y medio listas, pero faltaban muchos detalles, sobre todo por el hecho de ir solo. No podía faltarme nada, pues no sabía que podría pasarme. Me voy al Decatlón, todavía sin estar convencido de lo que iba a hacer, y compro todos los detalles que me faltaban: bridas, barritas, cámaras, lubricante…etc. Cuando llego a casa, mis compañeros no se creen muy bien lo que voy a hacer, aunque a alguno le entró algo de envidia sana, jeje. Llamo a Oscar, otro de los miembros del gabinete de crisis, y se lo comento “Oscar, que me voy mañana a Santiago en bici”, me intenta tranquilizar…y voy a su casa a las 23h, donde se lo cuento más despacio. Cuando ve que voy en serio, después de llamarme friki, me anima y me felicita sólo por el mero hecho de intentarlo.
Me levanto a las 6 de la mañana, me visto y monto en el coche rumbo a Benavente, para empezar allí. No me veía fuerte para empezar en Salamanca, y decidí por eso, neutralizar los primeros 120 kms. En Benavente, me esperaba Koko, a quien había avisado para que me cuidara el coche estos días. Todavía iba en el coche, sin saber mu bien lo que hacía, dudaba, me decía a mi mismo que dónde iba.
Koko me lleva diez kilómetros más delante, en las cercanías del límite provincial Zamora-León, y allí, en las proximidades ya de Álija del Infantado, Koko me hace la foto de salida, en una gasolinera. Ese fue el momento en que me puse mi célebre pañuelo rojo e iniciaba mi gran aventura, cerca de las 9h.
En Álija del Infantado, primer contratiempo, las zapatas me rozan mucho, me frenan la rueda. Tras ajustarla, prosigo por unos campos de fresnos y chopos, y campos de labor de regadío. Voy paralelo, al río Pomaz, y es sorprendentemente bonito, con sombras entre bosques. Me estaba gustando y además, voy pedaleando y me encuentro bien, cada vez mejor. Las piernas van, y la motivación va creciendo.
No hay ni un alma, ni caminantes ni ciclistas…casi ni pueblos. Una soledad que me acompañó toda la etapa. Tras llegar a La Bañeza, donde hago el avituallamiento, el camino se aleja más aun de la civilización, y durante más de 20 kms el camino va literalmente por el campo. Tras una fase de jaras y encimares, preciosas, con un olor típico de Cornalvo, empiezo a internarme en el páramo leonés. Un gran paisaje casi desértico, con calor sofocante, y sin ver signos de humanidad. Tan infernal como espectacular y atractivo. No cabe duda que era feo visualmente, pero me gusta también ir por esos sitios, es parte de la aventura y el camino.
El camino es llano, llano, llano, y voy rodando a buen ritmo, a buena media para ir con alforjas y con las piernas sin mucho rodaje. Me voy creciendo y hasta empiezo a cantar yo solo…que sensación de libertad, jejeje.
A escasos kms de Astorga, un puente romano muy bonito me invita a parar. Tuve que liar una buena para poder hacer una foto que saliera yo, con el automático y cámara colgada de la rama de un árbol, jajajaja.
Los últimos 2 kms, los hago ya por carretera, en suave descenso hacia Astorga, justo en el cartel de entrada, me hago una foto que debí hacerme hace dos años…pero más vale tarde que nunca. Subo la rampa de las murallas y encuentro rápido el albergue. Estaba muy contento, había hecho la primera etapa, y me encontraba bien física y mentalmente, tenía ganas de seguir, tenía la motivación muy elevada y ya pensaba en la segunda etapa, pero sin pensar en Santiago.
Paso toda la tarde en Astorga, con demasiado tiempo para aburrirme: un paseo, alguna compra, un intento de siesta, preparar el mapa de la siguiente etapa… se me hizo muy larga la tarde. Una ciudad preciosa, por cierto. Ya después de cenar, comento con algunos ciclistas la etapa que nos espera mañana, antes de dormir.

