Esta ha sido de las mejores cosas que he hecho en mi vida y que más me han ayudado a mí mismo. Nunca pensé en conseguirlo, pero lo hice. Recomiendo a todo el mundo que lo haga, pero que lo haga sin prisas, sin el reto de tener que llegar a un sitio o a una hora. Hay que pararse, ir despacio, hablar con la gente, ver un montón de cosas…sin eso estaríamos perdiendo mucha riqueza que esta aventura puede darnos, en serio. Fíjense en las medias que he hecho de velocidad, pero no me importa, merecía la pena con creces.
Quiero dedicar esto a mucha gente. A mi familia, la primera en apoyarme en esta locura y en todas las cosas; a Paco, Víctor, Serena, Soraya, Flaco, Oscar y Koko, miembros incansables de esos “sanedrines” salmantinos, y a los dos últimos también por su ayuda logística en Benavente, sin ellos no hubiera sido posible nada de esto; a Isra, Bedate, Lampre y Cacha , y toda la familia relacionada con Iter-ab, por haber seguido mi aventura, haberme animado y por estar ahí siempre, os llevé siempre presente. No quiero olvidarme tampoco de mis amigos del Frente Irreductibilis, ni de mis compañeros Fernando, Oskar S. y “el pendejo” Iván.
Quisiera acordarme también de toda la gente que fui conociendo en el camino y que aportó su granito para que pudiera llegar a cada etapa: los madrileños, Raúl y Carlos; las sevillanas, Marga y Yola; el “neng” y los alicantinos; y los toledanos Paco y Rafa.
Ciscomorgana.